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“Yo tengo un conocido que …” (#199)

Mis últimos 4 artículos, del 195 al 198, han sido un monográfico sobre el curso de  “Los malos del cuento en el entorno laboral“. En ellos he querido plasmar la parte  teórica del curso pero, de todos es sabido que, la teoría sin la practica sirve de bien poco.

Si la calidad de los ponentes que participan en los Cursos de Verano de la UPV es extraordinaria, lo mismo ocurre con el alumnado. En concreto la participación y los debates que hemos tenido han sido muy enriquecedores.

Lo que más nos ha sorprendido, sobre todo este año, es que tanto en el curso de “El perdón y el olvido” dirigido por Javier Urra  como en el de Espido Freire hemos compartido experiencias y relatos en primera persona y eso que ambos temas son más de hacerlo en plan: “Yo tengo un conocido que …”. Pues NO. Lo que se ha compartido han sido temas muy personales y directos que son los que nos han hecho empatizar e incluso animarnos a seguir  analizando y compartiendo experiencias en este Foro/debate.

Los_malos_del_cuentoEn mi caso, yo me anime a poner en común un tema “bastante tortuoso” que me quito mucho el sueño durante una parte importante de mi carrera profesional.  Durante mucho tiempo, al igual que a muchas más personas, me toco trabajar bajo las ordenes directas de un “OGRO de oficina ” de los que tan bien nos lo definió Marta Rivera de la Cruz durante el curso y  nos lo cuenta Espido Freire en su libro “Los malos del Cuento”.

Una de las lecciones principales que Espido Freire, al igual que Marta Rivera, nos dejaron muy claro es que una de las finalidades de los Cuentos Infantiles, además de la  puramente ociosa y placentera, siempre ha sido la de transmitir y alertar al lector de situaciones reales, a veces crueles otras felices. Todo cuento tiene ese trasfondo de enseñanza y nos puede servir de ayuda cuando nos enfrentemos a situaciones similares a las que se narra en ellos.

Quien más o quien menos se ha encontrado, tanto en su vida personal como profesional, con Brujas, Vampiros, Ogros y demás personajes de los cuentos infantiles. Aunque no seamos conscientes, en muchas ocasiones, en nuestro inconsciente están almacenadas esas señales de alerta, esas lecciones aprendidas ya sea a través de la lectura o porque te lo contaron de pequeño.

En mi caso me encanto identificar la estrategia que me sirvió para defenderme del Ogro de jefe con el que estuve trabajando durante más de 16 años. Sin ser consciente, hasta que lo puso Marta de ejemplo en su ponencia, no sabía que al igual que en el cuento del “Gato con botas” , fui capaz de vencer al Ogro que durante muchos años no me lo puso nada fácil ni a mi ni a la mayoría de mis compañeros.

Si es verdad, que al igual que debo mi afición a la lectura, en gran parte,  a mis padres que  todos los años hacían que en mi zapato la noche de los Reyes Magos apareciesen algún que otro cuento, también les debo a ellos muchos de mis valores éticos que me han ayudado tanto  a nivel personal como profesional.

Desde el primer día que ví como actuaba este “personaje” con “sus subordinados” yo deje bien claro cuales iban a ser los “limites de mi dependencia hacia él”.  Tenía bien claro que no iba a permitir que se propasara y menos que me insultara, o menos preciara, ni en privado ni en público. Eso se lo deje bien claro a él y a mis compañeros que por ser uno de los “Grandes jefes” yo si tenía claro que no le iba a permitir actuar fuera de un marco ético profesional.

Nota a RRHH_1Yo sabía que después de más de 16 años trabajando bajo sus ordenes algún día llegaría el momento de enfrentarme a él y ese día llego el 28 de febrero de 2006 cuando me toco plantearme el presentar ante la dirección de recursos humanos la nota que hoy me atrevo a presentar aquí. Si lo hago en parte se debe a que,  ni esta persona ni los demás directivos de la multinacional en la que trabajaba, están actualmente trabajando en Mitsubishi Motors.

Esta nota es la original y es la que presente ante RRHH de la empresa hace ya unos cuantos años. La decisión no fue nada agradable y por supuesto fue muy incomoda para TODOS. Yo tenía mucho que perder profesionalmente pero mucho que ganar personalmente. La situación era conocida por todos ya que yo fui la primera que desde el minuto cero deje claro cuales eran “mis límites” en este asunto. Tenía muy claro que, a mi, NUNCA me iba a humillar ni insultar, ni en privado ni en público cosa que lo hacia frecuentemente con otros compañeros.

La nota la redacte tranquilamente en mi casa muy consciente de lo que hacía y, por supuesto, con mucho miedo de lo que esto iba a suponer y supuso realmente. Esta persona era el segundo de abordo dentro de la organización, por encima incluso del jefe de personal. Mi puesto por entonces  era el de jefe del departamento de informática.

Disculpa_publicaCual fue mi sorpresa durante el curso cuando vi que pude con ese Ogro con la misma estrategia que la del “Gato con botas” haciendo que se “rebajase” a lo que a él más le podía doler e incluso humillar: el pedir perdón en publico delante de las mismas personas de las que me insulto. Convertí al Ogro en un ratón delante de los demás.

Todos sabíamos que él no lo iba a hacer, voluntariamente, por lo que incluso me llegaron a proponer otro tipo de alternativas con las que “resolver este conflicto”. Yo lo tenía muy claro que pasara lo que pasara yo iba a seguir adelante. Sobra decir que fueron dos semanas que no se las deseo a nadie; fue muy duro y violento aguantar esa situación.

Ambos documentos son los originales y gracias a la recomendación de una persona que de estos temas sabía mucho más que yo, no imprimí en ninguno de los casos en papel oficial con el logo de la empresa. El motivo no es  otro que,  de esta manera, se dejaba claro que lo hacía a nivel personal y no por temas profesionales. Mi queja era hacia esa persona y su comportamiento y no hacia la empresa.

Como varias veces se hizo mención en el curso de los “Malos del cuento en el entorno laboral”, las personas SIEMPRE  valemos mucho más que el puesto o “papel” que representamos profesionalmente.

Fueron dos largas semanas hasta que el Ogro se convirtió en un “ratón” y me pidió disculpas en público, algo inconcebible para él antes del 13 de marzo.  Que decir que el año que seguí trabajando bajo sus ordenes fue un infierno.

En la empresa ya se intuían grandes cambios por temas de la “Globalización” y aunque yo había solicitado negociar mi retirada inmediata, por temas de mantener mi C.V. “sin mancha”, me aconsejaron acertadamente no precipitarme y me toco sufrir un gran calvario hasta el 3 de febrero de 2007 cuando hubo despidos por temas de reestructuración a nivel Europeo  y fui una de las primeras dentro de varias  tandas de despidos colectivos que hubo después  en Mitsubishi Motors España. Por fin me libere de esa gran pesadilla profesional que me afecto mucho y que daño mi autoestima durante unos cuantos años más.

¿Merece la pena aguantar situaciones así?. La verdad es que NO. Cierto es que las circunstancias hacen que no seamos capaces de salir, fácilmente, de agujeros tan hondos en los que nos encontramos en muchas ocasiones.

Que verdad que de los malos momentos se aprende, en muchas ocasiones,  más que de los buenos momentos. Han pasado ya más de 9 años y a día de hoy recuerdo con dolor ese año horrible que marco mucho mi paso por la que, a día de hoy, sigo considerando mi empresa. Hay que contar siempre lo bueno y lo  malo. Los  15 años anteriores hacen que la nota de mi paso por Mitsubishi Motors sea de “7/10”. Hoy en día sigue siendo “mi querida Mitsu” y la seguiré llevando en mi corazoncito siempre. Aprendí muchísimo, trabaje mucho más y lo mejor de todo conocí a grandes profesionales y a muy buena gente, algunos de los cuales todavía siguen siendo mis amigos.

Así que, nada de … “Yo tengo un conocido que …”, muchas veces esos conocidos somos nosotros.  Curiosamente, después de contarlo en público en el curso pasado, la huella que siempre queda de esos malos momentos que te tocan vivir ha desaparecido un poquito más. Eso si, como ya dije al comienzo del curso de “El perdón y el olvido” yo sigo siendo de las que PERDONO pero no OLVIDO.

2 Comentarios

  1. Si yo te contara Ana.

    Yo me he enfrentado siempre directamente a mis jefes, sobretodo al último, que era a la vez el dueño de la empresa. Nunca le tuve miedo y el día que nos llamó inútiles a mí y a un compañero fue la gota que colmó el vaso. Ese día pedí la cuenta y hasta hoy.

    Si algo tengo claro es que jamás permitiré que nadie me humille.

    En un mundo dominado por el miedo y los mediocres todavía hay gente que tiene dignidad. ¡Olé por ti nena!

    Abrazos

    • Mónica yo estoy muy segura que GENTE BUENA! hay mucha, mucha más que de la otra. Lo que pasa que el “efecto manzana podrida” hace que los otros nos preocupen más.
      Soy de las afortunadas que la vida me ha dado muchos más momento BUENOS que malos, así que no me puedo quejar de nada.
      Lo único que hace falta es que la GENTE BUENA hagamos más ruido y contagiemos más que … esas manzanas podridas … “que haberlas haylas!” y que cuanto antes las separemos del resto mucho mejor.

      Un besote GUAPA!!!

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